La hinchada de Rosario Central no merece esto que nos toca padecer. Resulta poco creible que una hinchada que agota 4000 generales en pocos minutos, deba pasar la vergüenza que tuvimos que soportar ante los de Avellaneda. Da mucha bronca que un presidente tan incapaz como soberbio, hable de campeonato, y en realidad, el grupo deba pelear por no descender y defender una historia de 120 años. Con lo poco que estos forajidos (cristalizados en directivos) le dejaron al entrenador, esta vez Ariel Cuffaro Russo también salió golpeado y confundido.
Dejaron la vida
Nuevamente, debemos renovar las felicitaciones para el grupo de pibes que, con edad y experiencia para apenas sumar partidos en primera, deben asumir la complicada realidad que nos toca vivir. Salvo Martín Astudillo, una de las consecuencias del nulo proyecto deportivo que tenemos, y que volvió a ratificar que no está para jugar en Rosario Central, el resto dejó la vida en cada pelota y estuvieron a la altura de la circunstancias. Con errores, seguro, como la pelota que perdió Gervasio Núñez en la mitad del campo y la cual derivó en el primer tanto del rival; de todos modos vemos con orgullo que, lo único que todavía no pudo pudrir el Vasco incapaz, las inferiores, siguen generando hombres que intentan hacer lo mejor posible.
Pudo ser peor
Ha decir verdad, los primero 35 minutos de nuestro equipo fueron aceptables y hasta nos dieron cierta ilusión de cara a lo que podría llegar. Con las ganas de todos, pero sobre en especial con las intervenciones por el sector izquierdo de Paul Ambrosi y Gervasio Núñez, el equipo de la ciudad lograba complicar al rival y poner a nuestros delanteros muy cerca y mano a mano con De Olivera. Claro que, con delanteros como Adrián De León (5 partidos en primera) y Emilio Zelaya (estuvo muy bajo), la cuestión se tornó casi imposible para convertir.
A todo esto, el rival solo llegaba con empellones o rebotes que, generalmente, los sorprendían.
Con muy poco, nuestros pibes pusieron en evidencia un planteo pésimo de un entrenador “inventado” por algunos medios capitalinos.
Suerte esquiva
Si bien siempre digo que la suerte no existe, ya que solo hay buenos y males proyectos (nosotros ni siquiera tenemos uno malo), ante Racing todo nos juego en contra. Pasados los 35 minutos del periodo inicial, en el cual ya te contamos que Rosario Central fue más inteligente y punzante, llegaría el primer cachetazo de la noche.
Gervasio Núñez perdió una pelota en la mitad del campo y generó una contra del rival que derivó en el 1 a 0. Un delantero del local, con algo de suerte, remató al arco defendido por Hernán Galíndez y la pelota se desvió en un defensor Canalla. Con la apertura del marcador establecida, el partido cambió de rumbo y de dueño.
Enseguida, el segundo
Casi sin tiempo para acomodarnos, un centro en nuestra área encontró solo a un defensor rival y este no tuvo más que empujarla y estampar el 2 a 0. Aquí, la pelota no se desvió, es cierto, pero Rosario Central estaba con 10 por la salida momentánea de Guillermo Burdisso, hombre vital a la hora de jugar por arriba. Otra fatalidad o casualidad que nos condenaba.
Fuimos y no pudimos
Con el comienzo del segundo tiempo, y el 2 a 0 que le entregaba tranquilidad al mediocre equipo local, la realidad marcaba que el único camino era apostar en ofensiva e intentar no dejar grandes espacios en el fondo. Lamentablemente, y recordando que vendimos al 9 de área dos semanas antes de que comience el certamen, nos volvió a faltar gol y, lo que es lo mismo, estuvimos desafinados en la puntada final.
Incluso, a falta de 10 minutos para que se termine la pesadilla, otro de los delanteros rivales aprovecho un pase perfecto casi debajo del arco y colocó el 3 a 0.
En el final, los 4000 Guerreros que entregaron aliento, apoyo y pasión, se fueron masticando la bronca lógica que genera el hecho de ser los mejores en el tablón, pero uno de los peores a la hora de armar, generar y coordinar una manera sólida de trabajar, crecer y progresar.
Pese a todo, presidente mediante, el amor por Rosario Central se mantiene inalterable. Eso es lo que nos diferencia, eso es lo que nos permitirá salir adelante y quedar indemnes.