Rosario Central continúa en caída libre y parece que nada ni nadie lo va a detener. Esta vez, el beneficiado con el juego dubitativo de nuestro conjunto, fue el amarrete e impresentable Tigre. Un rival con muchos nombres de Nacinal “B”, llegó al ¿Místico? Gigante de Arroyito y se llevo 3 puntos que, para nosotros, eran vitales.
Generando muy pocas llegadas de gol, el rival acertó en una de las pocas que tuvo y logró amargar a todo un Pueblo.
El domingo, pavada de revancha: Nos jugamos la vida en le Monumental ante River.
No va
La verdad es que a esta altura, debemos reiterar que aquellos que manejan los destinos del club, no tienen la menor idea acerca de formar y entregar un equipo competitivo a los hinchas. En el último torneo, el equipo estaba armado (de milagro). Solo restaba sumar algo en ofensiva para potenciar lo que teníamos y apostar a la llegada de un arquero con experiencia, por 6 meses, para competir con Hernán Galíndez. Claro que, con el hijo del presidente a la cabeza, se destruyo lo que dios armó y ahora volvemos a penar. Vendimos lo que no debíamos, y con plata en los bolsillos, no trajimos a ningún titular. Verdaderamente IMPRESENTABLE.
¿El partido?
Mucho no hay para decir, y es que demasiado no queremos mencionar. No hace falta ser muy inteligentes para razonar que, con una mitad de cancha con hombres de marca y sin gran rodaje (salvo el lento Astudillo), los delanteros iban a estar poco asistidos y lejos del arco del veterano Islas. Durante más de 90 minutos, el nuestro nunca pudo plasmar un buen funcionamiento y, por ende, llegadas claras y peligrosas.
Dentro de tanta mediocridad, una pelota parada, en el segundo tiempo, le permitió a un jugador rival anotar el único tanto del partido. Sin Jonathan Gómez, único jugador que puede desequilibrar y superar algún rival en velocidad, poco pudieron hacer Ballini, Paglialunga y compañía.
Incómodos
Si bien el presidente habló de campeonar (antes de la goleada ante Racing), nosotros razonamos y vemos que la cuestión será cuesta arriba. Es que peor no se pueden hacer las cosas. Sacando de un plantel a 16 o 17 jugadores en 6 meses, la realidad marca que volvemos a hundirnos en la tabla del descenso.