Rosario Central sigue en terapia intensiva, es cierto, pero quiere comenzar a levantarse y dar pelea en este campeonato. Con la novedad de haber visto a Hernán Galíndez terminando con su valla invicta, también nos es muy grato hablar acerca de una labor sin fisuras del golero y en la cual debió exigirse al máximo para tapar algunas pelotas muy complicadas.
Limitado, pero vivo y peleando
La verdad es que este equipo Canalla está demasiado lejos de ser el conjunto sólido y corredor de la temporada pasada. Claro que, sin ánimo de caerles encima a nuestros pibes, esta unidad que tenemos es el reflejo de la “banda” (referencia para aquel grupo conformado por 3 personas o más) de ignorantes e incapacitados moralmente, que nos gobiernan hace 2 años. De todos modos, con todo esto a cuestas, el grupo de jugadores y sus hinchas (algo en lo cual somos potencial mundial), lentamente nos vamos recuperando de los golpes propinados por el presidente y su hijo.
Dentro de este contexto, y volviendo al desarrollo del partido, resulta complicado encontrar una jugada clara de nuestros jugadores en la primera mitad. En una cancha impenetrable, en la cual solo ganamos 7 partidos en toda la historia, el equipo de Ariel Cuffaro Russo hacía lo que podía y, muchas veces pasando sofocones, sacaba de cualquier manera todo lo que caía dentro del área de Hernán Galíndez.
Mal arriba
Y también flojo en la mitad. Es que Emilio Zelaya generalmente no pudo ganar el mano a mano con los defensores rivales. Adrián De León, también solo y sin mucha compañía, corrió y entrego lo mejor que tuvo, pero otra vez volvió a estar lejos del gol.
Otro problema, como te marcamos, estuvo concentrado en los volantes. Pésimo Martín Astudillo, esta vez también jugaron o entregaron un partido flojo Jonathan Gómez y, sobre todo, Gervasio Núñez.
Con este panorama, Mario Paglialunga tuvo que cubrir espacios propios y ajenos, algo que también lo dejó en evidencia ante la mayor movilidad de los defensores y volantes rivales. De todos modos, con más garra y ganas que otra cosa, se las fueron ingeniando para cerrarle las puertas a un River que, si bien tuvo la pelota en esos primeros 45 minutos, tampoco hizo mucho mejor las cosas como para justificar una ventaja parcial.
No mejoró, pero tuvo más espacios
Como era de esperar, los hinchas locales empujaron a su equipo. Como en la primera mitad, sin muchas ideas pero con algo más de claridad que los nuestros y manejando mejor la pelota, River supo tener algunas oportunidades como para doblegar a Hernán Galíndez. Por suerte, por un motivo u otro, la pelota siempre terminaba fuera del campo o en las manos de nuestro arquero. Guillermo Burdisso y Nahuel Valentín ya no perdían con el rápido Villalba y generalmente se imponían sobre los hombres de refresco dispuestos por Astrada.
Con este panorama, y ya con las salidas de Martín Astudillo, Jonathan Gómez y Adrián De León (reemplazados por Hernán Ballini, Alexis Danelon y Milton Caraglio respectivamente), Rosario Central aprovecho el desconcierto del local y, casi sin quererlo, tuvo tres oportunidades claras para definir. Dos de ellas, en los minutos finales del partido. Alexis Danelon y Gervasio Núñez, sobre todo este último, pudieron darle una alegría enorme a toda una ciudad.
El 0 a 0 del final, que jamás será festejado por nuestros hinchas y jugadores, entrega cierta tranquilidad para un grupo que, luego de una semana en la cual casi queda acéfala nuestra conducción, tendrá algunos días para soñar y preparar lo que tanto necesitamos: una victoria frente a Chacarita para reafirmar la salida de la promoción.