Ariel Cuffaro Russo parece que no le encuentra la vuelta a la cuestión.
Rosario Central vuelve a vivir horas penosas en lo que a promedio e incertidumbre se refiere. Es que luego de jugar con la muerte y estar muy cerca del final (en el torneo pasado, cuando arrancamos a 10 y 11 puntos de los equipos más cercanos), una buena campaña de nuestros pibes nos hizo ganar en confianza y tranquilidad. Claro que, como en Rosario Central, todo dura poco y los incapaces que nos gobiernan hacen todo mal, pasaron 7 fechas del presente torneo, y otra vez volvemos a sufrir. Con mucha gente joven en cancha, y con árbitros que generalmente nos perjudican, rápidamente perdimos la MÍSTICA que alguna vez supimos tener al jugar como local y el oxigeno obtenido hace algunos meses.
Sin retorno
Por estas horas, el presente y futuro del equipo que posee la hinchada más seguidora, es ciertamente preocupante. Es que mas allá de las derrotas cosechadas en 7 partidos (3 caídas y 4 empates), lo mas preocupante es la calidad de los rivales con los cuales no pudimos (River, Tigre, Arsenal, Racing). Tan duras las derrotas, como la manera y los contrincantes que tuvimos en frente. Ante los sarandí, luego del bochorno vivido en la capital de nuestra provincia, era el partido justo para ganar, sumar confianza y apuntar a cosas más importantes. Más allá de las bajas de Guillermo Burdisso y Jonathan Gómez, casi “armadas”, el plantel Canalla tenía una excelente oportunidad para empezar desde cero y comenzar a crecer.
Ahora, con un fixture excesivamente complicado, el panorama es desalentador y desolador. Sin dirigentes, lejos de tener una comisión directiva fuerte y con un plantel excesivamente joven, solo un milagro (o algo parecido), nos pueden salvar.
Ni siquiera lo aguantamos
Es que en el comienzo del partido, con apenas 10 minutos jugados, Milton Caraglio aprovechaba un centro del “Yacaré” y estampaba el 1 a 0. Lo que ya pintaba para fiesta, rápidamente se transformó en desazón.
Es que rápidamente, dos horrores defensivos le permitieron al impresentable arsenal, dar vuelta el resultado y sorprender a más de 30000 Guerreros que coparon el Mundialista. El 2 a 1 con el cual finalizaba el primer tiempo, no estaba en los planes de nadie, y menos después de todas las chances desperdiciadas por Milton, Lucho y compañía.
Una verdadera pesadilla
El complemento, lejos de convertirse en la génesis de un futuro mejor, bien se puede denominar “crónica de una muerte anunciada”. Tan remanida la frase como reiterativos los errores en defensa. De todos modos, nuevamente volvimos a generar juego y fallamos en la puntada final. Como una constante del complemento, los nuestros fueron y los rivales esperaron parados de contra. En una de esas salidas rápidas del visitante, el Gigante debió soportar el 3 a 1. Sin mucho para agregar, a esa altura ya el equipo estaba totalmente desordenado y “tirado” dentro del campo.
A pesar de ello, y a partir de la mediocridad excesiva del rival, Luciano Figueroa volvió a decir presente en el marcador y selló el definitivo 3 a 2.
Como para muestra sobre un botón, luego del descuento, muy lejos estuvimos de ponerlo al visitante en su arco y forzar otra chance de gol. Algunos hombres, como Santiago García y Emilio Zelaya (que volvieron a dejar el alma en la cancha), ya estaban sin piernas y casi arrastrándose en el césped. El pitazo final del flojo árbitro Faraoni (no marcó 2 o 3 penales claros a Luciano Figueroa cuando lo agarraban en el área), terminó de llenar de dudas y bronca al Pueblo Canalla.
Una hinchada que no sabe de alegrías, una hinchada acostumbrada a dar todo y recibir, de parte de nuestras autoridades, INEPTITUD, SOBERBIA, COBARDÍA e INCAPACIDAD.
Es una pena, merecemos otra cosa.